Tras una puerta cerrada

—¡Por fin!

El anciano exclamó, levantando las manos al cielo. Los portadores, fornidos árabes de piel tostada, extremadamente supersticiosos, dieron un paso atrás, alejándose de la losa de piedra de la puerta, que se deslizaba suavemente con un leve susurro de piedra contra piedra.

Thomas Joyce, traductor venido a menos, entrado en kilos y totalmente bañado en sudor maldijo su suerte y se preguntó qué demonios hacía allí antes de tranquilizar a los portadores en su lengua. Lo consiguió sólo en parte, pues aunque accedieron a aguardarlos allí fuera, se negaron en redondo a entrar en aquel templo perdido. Miró al anciano. Continue reading “Tras una puerta cerrada”